miércoles, 4 de mayo de 2016

Día 1 en Estambul (Tarde): Pequeña Santa Sofía, Nuruosmaniye, Gran Bazar, Mezquita Azul, teterías y más.


Viernes 16 de Octubre de 2015 (Tarde)

Habíamos pasado nuestra primera mañana en Estambul recorriendo algunos de los principales monumentos de Sultanhamet, habíamos descubierto el increíble interior de Santa Sofía y nos habíamos sumergido en la Cisterna Basílica


Por la tarde descubriríamos el interior de algunas mezquitas, nos perderíamos curioseando por el Gran Bazar y nos mezclaríamos con la gente en una de las mas famosas teterías de la ciudad. 

Tras comer en House of Medusa, y con la visita aún pendiente al interior de la Mezquita Azul, decidimos dedicar las primeras horas de la tarde a dos mezquitas algo mas pequeñas y algo mas alejadas del centro turístico de Estambul.

Caminando nos alejamos de la Plaza de Sultan Ahmet hacia el oeste y empezamos a pasear por calles solitarias donde apenas había turistas, donde las casas de madera parecían estar a punto de desplomarse, donde no se vendían souvenirs y, para ser sinceros, se percibía algo de inseguridad.


Casas de madera

Lo cierto es que en esta zona de Estambul, que recorrimos de camino a la Pequeña Santa Sofía (Kuçuk Ayasofia) y a la Mezquita Sokullu Mehmet Paça, fue donde realmente percibimos como es la vida en la ciudad lejos de las zonas mas turísticas.

En Sokullu Mehmet Paça fue donde por primera vez accedimos a una mezquita como tal (Santa Sofía es realmente un museo), y por lo tanto, fue donde por primera vez tuvimos que descalzarnos para entrar y, en mi caso, cubrirme el pelo con un pañuelo que me acompañaba desde el hotel. A partir de este momento, esto se convertiría en toda una costumbre cada vez que visitábamos una nueva mezquita.


Interior de Sokullu Mehmet Paça

La verdad es que, quizás por ser la primera mezquita que visitábamos, Sokullu Mehmet Paça nos encantó. Aunque en dimensiones es bastante mas pequeña que Santa Sofía o la Mezquita Azul. 


Sokullu Mehmet Paça

Desde allí, en tan solo unos minutos, llegamos a la Pequeña Santa Sofía o Iglesia de San Sergio y San Baco. Nos costó un poco localizarla y el exterior no nos sorprendió demasiado. El interior, al contrario, y a pesar de estar restaurada nos encantó, quizás por ese color blanco que la diferencia del resto de mezquitas que visitaríamos.


Pequeña Santa Sofía

Aquí también pudimos acceder a la galería superior para contemplar la nave central desde la altura. 


Y a pesar de que el acceso a todas las mezquitas de Estambul es gratuito, en este caso nos invitaron a entregar un donativo antes de marcharnos.

Habíamos decidido volver esa misma tarde a la Plaza de Sultanahmet al atardecer, para poder fotografiar Santa Sofia y la Mezquita Azul ya de noche, con lo que decidimos dejar la visita al interior de esta última para la última hora del día y dedicar las siguientes horas a recorrer el Gran Bazar.

Pero antes, y justo en la entrada Este del Gran Bazar, nos encontramos con una nueva mezquita que aún nos quedaba pendiente, Nuruosmaniye.


En Nuruosmaniye

En Nuruosmaniye

Es casi imposible pasarla por alto, tanto por su exterior como por el lugar tan concurrido en el que se encuentra, así como por su decoración bastante elaborada. Según dicen, esta mezquita representa el mayor reflejo de arquitectura barroca otomana.


Mezquita de Nuruosmaniye

Terminada la visita accedimos al mercado mas grande de Estambul, el Gran Bazar.  Con una extensión de mas de 45.000 metros cuadrados, mas de veinte puertas de acceso, y cerca 3.600 tiendas no es de extrañar que terminase pasando lo inevitable... Y nos perdiésemos!


Gran Bazar de Estambul

Dimos vueltas y vueltas por cada una de sus calles. Hay zonas dedicadas a la joyería o a la venta de ropa y perfumes que pasamos bastante por alto, pero otros puestos ofertan productos de artesanía o gastronómicos donde si merece la pena detenerse (aunque solo sea para hacer fotos).



Hay quien dice que visitar el Gran Bazar no es lo mas recomendado en Estambul, que es bastante agobiante y que los vendedores tratan de atraerte continuamente hacia sus puestos. Nuestra experiencia sin embargo fue del todo diferente, no nos sentimos presionados para comprar en ningún momento, y de hecho salimos de allí con las manos vacías.



Quizás no tenga el mismo encanto que el Bazar de las Especias que visitaríamos al día siguiente, mucho mas pequeño y recogido que este, pero no está de más dedicar algo de tiempo a pasear por él.


Gran Bazar de Estambul

Y cuando finalmente conseguimos encontrar la salida de ese entramado de calles abarrotadas que forma el Gran Bazar, nos pusimos en marcha de nuevo hacia la Mezquita Azul, o Mezquita de Suntanahmet, para por fin visitarla.

Tengo que decir que desde que entré en el patio esta mezquita se convirtió en mi lugar favorito de la ciudad. 

El color azul de los azulejos que adornan la cúpula al atardecer, y la imagen de cientos de gaviotas sobre volando sus seis minaretes es uno de los recuerdos mas vivos que tengo de Estambul.

Y si su exterior no tiene rival en belleza, el interior no se queda atrás. A pesar de ser muy diferente a Santa Sofía podría competir perfectamente con esta. 

Interior de la Mezquita Azul

El ambiente, al ser la Mezquita Azul un lugar de culto y oración, es mucho mas recogido y silencioso que el de la anterior. Durante un buen rato me senté en el suelo, mientras veía a varios hombres (y niños) rezando en el centro de la mezquita, bajo una gran lámpara de enormes dimensiones que, a muy baja altura, adornaba la nave central. 

Y, tan solo girándome un poco, podía observar un pequeño biombo, que separaba un espacio de tan solo unos pocos metros, detrás del cual se podían intuir las siluetas de medio centenar de mujeres y niñas que rezaban amontonadas y  escondidas del resto de las miradas. Jamás lo podré entender. 

Salimos poco antes de atardecer de la Mezquita Azul y esperamos a que anocheciera en uno de los bancos del parque, junto a la fuente central que preside la plaza de Sultanahmet. 


Mezquita Azul

Descansamos mientras fotografiábamos las Mezquitas iluminándose en el que era nuestro primer atardecer en Estambul. No volvimos a esta plaza en el resto de los días que pasamos en la ciudad (no hubo tiempo) y esas imágenes nocturnas, fueron las últimas que guardamos de este lugar. 


Santa Sofía 

Una de las cosas que me apetecía hacer en Estambul, era visitar alguna de sus conocidas teterías y decidimos dedicar lo que quedaba de noche a conocer el ambiente de estos lugares. 

La elegida fue Corlulu Ali Pasa Medresesi, una tetería bastante conocida y recomendada en la ciudad, a la que se accede a través de una tienda de alfombras, por un pasadizo que pasa totalmente desapercibido si no se conoce de ante mano y donde, además de beber té, se fuma narguile. Tengo que decir que lo que nos encontramos no fue para nada lo que íbamos buscando. 



El local está decorado con alfombras que cubren el suelo y cojines por las paredes, pero cuando llegamos lo encontramos literalmente a rebosar, sin espacio apenas donde sentarse y con un ambiente de humo que lo inundaba todo. 



Ni Miguel Ángel ni yo fumamos tabaco, con lo que tampoco llevábamos idea de probar el narguile, y la cara del camarero al ver que rechazábamos la pipa y solo pedíamos un par de tes de manzana fue un poema. Además, podía contar con los dedos de una mano el número de mujeres que vi entre los centenares de hombres que había allí fumando, algo que me pareció muy raro siendo supuestamente un local tan turístico. 

No estábamos nada cómodos allí así que no tardamos mucho en bebernos los dos tés y salir de nuevo a la calle. 

En esta zona (Divanyolu Cadessi) es frecuente encontrarse con varias teterías con cementerios aledaños. Unos metros después de dejar Corlulu Ali Pasa Medresesi, nos encontramos con uno de ellos y entramos a curiosear. 



En una terraza al aire libre junto a las lápidas del cementerio, varias parejas conversaban mientras bebían té. La verdad es que lo que vimos era mucho mas parecido a lo que andábamos buscando y de haberlo sabido, hubiésemos optado por entrar aquí primero.

De regreso al hotel entramos a un McDonalds para comprar algo para la cena que nos tomaríamos en la habitación al llegar. El día había dado para mucho pero era mucho también lo que quedaba pendiente por ver en la ciudad. Al día siguiente visitaríamos el Palacio de Topkapi y continuaríamos descubriendo nuevas mezquitas y rincones en el barrio de Eminonu.

PUEDES LEER EL RELATO COMPLETO DEL VIAJE:

3 comentarios:

  1. En esa tetería yo estuve en dos ocasiones. En las dos veces sí que había mujeres, eran todas turistas. Nosotros no fumamos tampoco, pero fumar un nargile con sabor a manzana es algo que tendríais que haber probado. Aunque yo soy totalmente contraria al tabaco, creo que fumar tabaco de sabores en un nargile en Estambul es una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida. Luego después de eso, estuve 3 años después en Egipto, y allí ya sí que no fumé en cachimba, que es el equivalente al nargile.

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    1. A mi es que la experiencia de fumar narguile no me llamaba demasiado.... No sé, creo que había leído tanto de esa tetería que me esperaba otra cosa y no me gustó el ambiente... Como digo después vimos otra que me gustó bastante mas (la del cementerio) porque era mas lo que íbamos buscando.
      Aún así la recomiendo porque como dices seguro que hay otros viajeros a los que les puede interesar ese tipo de locales... Estoy haciendo un post gastronómico de Estambul y la voy a añadir jeje, que seguro que a alguien le interesa también ir y probar el narguile.

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  2. Wow, qué imágenes maravillosos! Me encanta la arquitectura de la ciudad y esas fuentes. Felicitaciones por que eligieron Estambul!

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