lunes, 21 de noviembre de 2016

Que ver en Sintra (I); Palacio da Pena.

Viernes 25 de Marzo de 2016 (Mañana)


Cualquiera que vea por primera vez una fotografía del Palacio da Pena, con sus muros pintados de llamativos colores, recordará los castillos que ilustraban los cuentos de princesas con los que todos crecimos. La primera vez que visitamos Lisboa, conocer este castillo nos quedó pendiente, sin embargo, en este viaje de 2016 tenía claro que no podíamos regresar de Portugal sin recorrer Sintra a fondo. Aunque la realidad es que en los cuentos de princesas no hay miles de turistas que estropeen la imagen con la que siempre soñaste, que apenas te dejen caminar entre las estancias del castillo, que te hagan soportar mas de una hora de cola para poder acceder y que apenas te dejen sacar una fotografía "medio decente" en toda la visita. Porque, en la realidad de nuestra visita al Palacio da Pena, el encanto del lugar se esfumó a la media hora de haber llegado...  




Después de una noche casi en vela con solo tres horas de sueño por culpa de nuestra ruidosa vecina, lo primero que hicimos al levantarnos la mañana del viernes fue contactar con Joao, el dueño del apartamento, quien tras disculparse varias veces nos dijo que vendría a hablar con la mujer para pedirle explicaciones.


Poco antes de las diez salíamos hacia Sintra, parando primero en un McDonalds que ya habíamos localizado antes de llegar a la ciudad para desayunar.


Tardamos una media hora en llegar desde Lisboa a Sintra, y mas de hora y media en recorrer la distancia que separa la entrada de Sintra del Palacio da Pena (no mas de 10 km de carretera). La  subida hasta la cima de la montaña en la que se encuentra el castillo puede hacerse en coche, bus o a pie (aunque para esto último puede hacer falta bastante tiempo extra y una buena forma física).

Nosotros durante unos momentos llegamos a desesperarnos porque parecía que miles de personas habíamos decidido dedicar el Viernes Santo a visitar el Palacio. Y durante los 90 minutos siguientes a nuestra llegada a Sintra lo único que vimos fueron cientos de coches que formaban una fila interminable que sin apenas avanzar ascendía por la carretera que sube hasta el Palacio.


Creo que eran casi las 12 del medio día cuando finalmente, y unos metros antes de llegar a la cima, encontramos una plaza libre y decidimos subir lo que quedaba de trayecto a pie... Hasta ver por primera vez el principal motivo que nos había traído hasta la ciudad... El Palacio da Pena.



La visita al Palacio realmente no fue como nos hubiera gustado. Tanta gente en cada esquina que hacían que apenas pudieses avanzar le quitaron parte del encanto.


Comenzamos la ruta recorriendo los jardines que, si bien no son tan espectaculares como los que mas tarde veríamos en Quinta da Regaleira, merecen también una visita...



Y una vez en el Palacio, después de pasear por el exterior y hacer algunas fotografías, nos dispusimos a entrar.



Son varias los tickets que se pueden adquirir dependiendo de si se quiere visitar el interior del Palacio, los jardines o ambos. Nosotros nos decidimos por realizar la visita completa y no nos equivocamos. A pesar de que tuviésemos que esperar de nuevo casi una hora para acceder al interior. 



Aunque el interior del Palacio da Pena no es ni de lejos lo mejor de la visita, merece la pena dedicar un rato y descubrir algunas de sus salas, el claustro, o la Terraza de la Reina.




Si tuviese que elegir, me quedaría sin duda con el interior del Palacio de Queluz que visitamos un par de días después y que fue la gran sorpresa del viaje, porque lo que realmente destaca del Palacio da Pena es el lugar en el que se encuentra ubicado rodeado de bosques y en la cima de una montaña, además de sus colores que lo hacían diferente de cualquier Palacio que hubiésemos visto hasta ese momento.



Terminamos la visita demasiado tarde, casi a las tres, y nuestros planes de bajar a comer al pueblo se esfumaron si queríamos tener suficiente tiempo para visitar otro de los imprescindibles de Sintra: la Quinta da Regaleira. Optamos por comer unos bocadillos rápidos (y malísimos) en la misma cafetería del Palacio y regresamos al coche...


Un jardín masónico nos esperaba esa misma tarde...

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