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Que ver en Suiza (Día 1): Castillo de Chillon y Gruyeres.

Jueves 18 de Abril de 2019

Tengo que reconocer que desde hace mucho tiempo, desde la primera vez que vi en imágenes este castillo a orillas del Lago Leman, sabía que sería visita obligada si alguna vez viajábamos a Suiza. La realidad es que esta zona del país, Gruyeres y Chillon, eran los lugares más alejados de la ruta que habíamos planteado para estos 5 días en Suiza, pero la decisión de volar a Ginebra hizo que no pudiésemos evitar incluirlos en el planning.


Castillo de Chillon

Habíamos llegado al país la tarde anterior y ya entonces pudimos tener un primer contacto con el lugar. Habíamos elegido para alojarnos esa primera noche el Hotel Ermitage, un lugar precioso situado en la localidad de Montreux y a solo cinco minutos en coche del Castillo de Chillon. Recuerdo las vistas del Lago Leman por primera vez desde nuestra ventana, los paseos por los jardines del hotel esa primera tarde y la preciosa terraza con mejores vistas que apenas pudimos disfrutar.




El Castillo de Chillon, a orillas del Lago Leman.

Pero no teníamos demasiado tiempo y aquella primera tarde en Suiza habíamos decidido destinarla a ver atardecer en el lago Leman, con la imagen del Castillo de Chillon ubicado sobre la roca en primer término y las montañas suizas en el horizonte.





Estuvimos bastante tiempo paseando junto al Lago mientras el Sol caía, haciendo fotos en una pequeña playa situada junto al Castillo con unas vistas preciosas...



Viernes 19 de Abril de 2020

Había leído que la visita al interior del Castillo de Chillon era más que recomendable, pero a pesar de lo mucho que nos gusta visitar este tipo de lugares, no teníamos nada claro si realizarla. Carla por aquel entonces aún no caminaba, acceder con sillas de paseo no estaba permitido y portearla durante toda la visita con sus más de once kilos se nos hacía cuesta arriba.




Finalmente, después de desayunar y hacer el check out en el Hotel Ermitage decidimos que no podíamos marcharnos de Montreoux sin conocer el interior del Castillo, y volvimos a Chillon para realizar la visita.



Aparcamos gratis junto a la entrada y con los tickets de acceso nos entregaron un mapa que nos sirvió para guiarnos durante el recorrido.



En un par de horas recorrimos todas sus salas, descendimos a las mazmorras, visitamos la capilla, las bodegas, subimos a los torreones para contemplar las vistas y paseamos por los patios de este castillo medieval que sin duda nos pareció visita obligada.





Desde allí, a media mañana, pusimos rumbo hacia Gruyeres, un pequeño pueblo famoso por su queso, situado a media hora de Montreux  y donde pasaríamos la tarde y la segunda noche de viaje.





Gruyeres, el pueblo del queso

El hotel elegido para esta segunda noche fue el Ibis Brulle La Gruyere, el que parecía una apuesta segura al tratarse de un hotel de la cadena Ibis, pero que tenía como inconveniente estar situado en la localidad de Brulle (a las afueras de Gruyeres). La idea inicial mientras preparaba el viaje era alojarnos en algún lugar con más encanto situado en el centro del pueblo, pero los precios de los alojamientos de Gruyeres se nos iban de precio en plena Semana Santa.

La realidad es que los Ibis nunca suelen defraudar, son impersonales pero también económicos, suelen estar bastante limpios y cuentan con camas cómodas, y la realidad es que los hemos elegido como alojamiento en muchos viajes sin ningún problema… hasta que llegamos al Ibis Brulle la Gruyere. Posiblemente la comparación con el hotel anterior del que veníamos no ayudó, pero creo que jamás nos habían alojado en una habitación tan pequeña como la que tuvimos aquella noche. Era tan poco el espacio que el carro de Carla tuvo que quedarse en el coche porque era imposible meterlo y poder movernos por la habitación, aunque eso no fue lo peor.

Lo peor llegó al comprobar que estando a unos 10 grados en el mes de Abril en Suiza el hotel no contase con calefacción. Pedimos explicaciones en la recepción del hotel y la respuesta fue, sorprendentemente, que “ya estábamos en primavera”. Tras mucho insistir y teniendo en cuenta que viajábamos con una bebé, logramos que nos subiesen un calefactor con el que pudimos pasar la noche.




Tras instalarnos en el Ibis Brulle La Gruyere y comer algo rápido pusimos rumbo a Gruyeres. Un pueblo que recibe tanto turismo que se ha visto obligado a habilitar varios parkings gratuitos a las afueras de la localidad, a donde desviar los coches de los viajeros que llegan cada día para visitarlo.

La estampa al llegar a Gruyeres no puede ser más bonita. La calle principal, la Rue du Bourg, que lleva al castillo está repleta de casas medievales y edificios históricos que rodean la Fuente de la localidad.


Gruyeres

Aunque hay varias cosas imprescindibles que hacer en Gruyeres, como son visitar su castillo, recorrer las murallas, o llegar hasta la Iglesia de Saint Theodule, habíamos decidido tomarnos la visita con calma. Queríamos recorrer el pueblo sin prisas, pasear, entrar a tiendas de recuerdos, tomarnos algo en algún café con vistas y no mirar demasiado el reloj. Y eso hicimos.



Quienes tengan más tiempo (y/o interés) tienen otras muchos lugares con los que ocupar el tiempo, como visitar el Museo del Tibet, la Fábrica de Queso (La Maison du Gruyere) o el Museo HR Giger.

A nosotros aquella tarde nos dio tiempo a recorrer Gruyeres con calma, a pasear por su calle principal y a dejar que la subida al castillo nos llevase, casi sin quererlo, a visitar la Iglesia de Saint Theodule y su cementerio…


Iglesia de Saint Theodule


La subida al Castillo y al mirador que nos encontramos justo al llegar nos dejaron algunas de las vistas más bonitas de Gruyeres, de los campos que lo rodean y del propio Castillo en sí.



Llegamos justo a la hora del cierre al Castillo (mucho más temprano de lo que imaginábamos) y nos quedamos sin conocer su interior, pero decidimos no terminar la visita y recorrer las murallas de este pueblo fortificado.

Castillo de Gruyeres

A media tarde comenzó a llover y decidimos hacer un alto en el paseo en un restaurante con vistas donde nos tomamos un par de cafés acompañados de un merengue de queso mientras esperábamos a que parase la lluvia.

Queríamos ver atardecer desde algún lugar donde se pudiese divisar el Castillo en su conjunto y un par de horas antes comenzamos a recorrer los campos que rodean la colina en la que se eleva el Castillo buscando la mejor localización.



Y la encontramos! Un lugar desde donde ver ponerse el Sol a pesar de las nubes con las que despedimos aquel día.


Vistas de Gruyeres y su Castillo

De noche volvimos al centro de Gruyeres, vacío ya, para verlo iluminado sin apenas gente… y nos despedimos del que posiblemente sea uno de los pueblos más famosos se Suiza.





  
   
        

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